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Investigación académica advierte: los clubes de barrio son un actor estratégico desaprovechado por los municipios



Una nueva investigación académica elaborada por Carlos David Báez Escobedo, geógrafo de la Universidad de Chile, vuelve a instalar una discusión de fondo en la política deportiva local: el lugar que ocupan —o no ocupan— los clubes de barrio en la estrategia municipal.


Su memoria de título, titulada “Análisis de la relación entre clubes de fútbol de barrio y políticas públicas en la comuna de San Joaquín durante los últimos 20 años”, analiza la evolución del vínculo entre el municipio y estas organizaciones históricas, comparando enfoques de distintas administraciones y evaluando cómo se ha entendido el rol social del fútbol barrial en el desarrollo comunal.


Aunque el estudio se centra en San Joaquín, sus conclusiones permiten leer un fenómeno más amplio: la tensión entre política pública programática y tejido histórico del barrio.


¿Por qué investigar clubes de barrio desde la academia?

“La relación entre la academia y el territorio tiene grandes brechas”, afirma Báez.


En un contexto donde las dinámicas comunitarias heredadas se han debilitado, los clubes han sostenido algo difícil de reemplazar: sentido de pertenencia.


“Han otorgado algo muy relevante a través de las generaciones”, explica el autor, señalando que ese vínculo permite a las personas conectarse con la historia de sus familias y sus territorios.


La motivación no es solo teórica. “Soy testigo de cómo esas redes se han debilitado”, reconoce. Para Báez, estudiar clubes no es analizar solo fútbol: es observar formas de identidad, memoria y organización barrial.


Qué estudió la investigación

  • Análisis documental de políticas deportivas municipales

  • Cartografía territorial mediante SIG

  • Entrevistas a dirigentes y funcionarios

  • Encuesta a usuarios de recintos deportivos asociados a clubes

El objetivo fue determinar si el municipio ha transitado hacia un modelo donde los clubes son considerados actores estratégicos o si se mantiene una lógica predominantemente asistencial.

La conclusión es clara: la relación existe, pero no es estructural ni estratégica.


Principales hallazgos

• Persistencia de capital social. Los clubes siguen siendo espacios de identidad, formación y cohesión, especialmente en categorías infantiles.

• Déficit territorial. Sectores con alta densidad de clubes presentan déficit de infraestructura pública.

• Baja percepción de apoyo municipal. Sólo un 37% de los usuarios encuestados reconoce haber recibido apoyo del municipio.

• Enfoque no estratégico. La política ha evolucionado en oferta programática, pero no en articulación territorial profunda.


La dimensión emocional que la política no puede replicar

Uno de los aportes centrales del estudio es poner en el centro la dimensión emocional. “Las personas se movilizan por lo que las conmueve”, sostiene el autor.


Vestir la camiseta del club del barrio —la misma que usaron generaciones anteriores— no es equivalente a inscribirse en un programa municipal. “Hay algo único en vestir la misma camiseta de tus ancestros. Te comunica con tu propia historia, la del barrio, la del club”.


Aquí aparece una distinción clave: no es lo mismo participar en un servicio que formar parte de una comunidad.


Del vecino al “cliente”

El estudio advierte que cuando la política deportiva opera desconectada del tejido histórico, se produce un desplazamiento en el tipo de vínculo social.


“Los participantes hoy en día se acercan más a la figura de ‘clientes’, pues acceden a un servicio sin mayor vinculación emocional ni con la organización ni con el espacio”.


La diferencia no es semántica, es estructural: Un cliente consume, un socio barrial construye.


El potencial sigue vigente

Pese al debilitamiento de algunas redes, la investigación no es fatalista:

“Pese a que los clubes se han ido debilitando en respuesta al contexto histórico y global, aún existen casos donde los clubes hacen evidente el potencial transformador que mantienen”.

El caso del Club Deportivo Estrellas de California es mencionado como ejemplo de esa vitalidad persistente. Y el cierre del autor es categórico: “Los clubes de barrio no han perdido su potencial. Su debilitamiento es comprensible, mas no es absoluto", dice.


La pregunta que deja instalada el estudio es profunda y política a la vez: ¿Seguirá el municipio tratando a los clubes como beneficiarios de apoyo, o comenzará a reconocerlos como actores estratégicos del desarrollo del barrio?



 
 
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