¿Somos realmente lo que comemos? Una reflexión desde la nutrición y el trabajo territorial
- Fundación Clubes
- 21 abr.
- 2 Min. de lectura

Nathalie Llanos
Directora Fundación Clubes
Académica Nutrición U. de Chile
Los espacios de conversación en torno a alimentación, salud y sostenibilidad han ido ganando relevancia en la agenda pública. Instancias como las mesas de discusión desarrolladas en el marco de Ñam Innova permiten visibilizar distintas miradas y avanzar en la construcción de sistemas alimentarios más conscientes e innovadores.
En ese contexto, estas discusiones también abren la oportunidad de complementar el análisis desde la experiencia territorial y el trabajo comunitario, especialmente en relación con las condiciones que influyen en las prácticas alimentarias de la población.
Desde esta perspectiva, la alimentación no puede entenderse únicamente como una decisión individual ni abordarse solo desde los avances en ciencia de los alimentos.
Existe un marco más amplio, el de la seguridad alimentaria , definida por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) como el acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, seguros y nutritivos para una vida activa y saludable.
Al observar esta definición en la práctica, se hace evidente que no todas sus dimensiones están garantizadas.
En Chile, distintos reportes han evidenciado que una proporción importante de los hogares enfrenta dificultades para acceder de manera regular a una alimentación suficiente y de calidad (CASEN; FAO).
A esto se suma que los entornos alimentarios no son homogéneos: la disponibilidad y el acceso a alimentos saludables varían significativamente según el territorio.
En muchos sectores, particularmente en contextos más vulnerables, existen limitaciones en el acceso a ferias libres, alimentos frescos y opciones a precios justos, coexistiendo con una alta disponibilidad de productos ultraprocesados (Ministerio de Salud, FAO).
En este escenario, la afirmación “somos lo que comemos” requiere ser problematizada, ya que también refleja lo que está disponible en los entornos, las condiciones materiales de los hogares y las posibilidades reales de acceso.
Esto no implica restar valor a las discusiones actuales en nutrición, sino más bien situarlas dentro de un continuo. Mientras algunos enfoques responden a contextos donde las necesidades básicas están cubiertas, en otros la prioridad sigue siendo garantizar condiciones mínimas de acceso a una alimentación suficiente y adecuada.
Avanzar hacia sistemas alimentarios más saludables y sostenibles requiere, por tanto, integrar el enfoque de determinantes sociales de la salud , tal como lo plantean organismos como la FAO y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), incorporando variables económicas, territoriales y culturales en el diseño de estrategias.
En este marco, los clubes deportivos y organizaciones comunitarias adquieren un rol especialmente relevante. Como espacios de encuentro, identidad y organización social, pueden contribuir a fortalecer la seguridad alimentaria a nivel local mediante acciones concretas, tales como:
la educación alimentaria contextualizada,
la articulación con redes de abastecimiento del territorio,
el apoyo a ferias y proveedores locales, y
la promoción de entornos más saludables.
De este modo, avanzar en la mejora de la alimentación de la población no depende únicamente de ampliar la información disponible, sino también de generar condiciones que permitan que esa información sea aplicable en la vida cotidiana, considerando la diversidad de realidades presentes en el país.



